Transcripción de la revista Nuevo Mundo 1902

UN CORPUS RARÍSIMO

14 de Junio de 1902

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En Camuñas, provincia de Toledo, celebran el Corpus con una pantomima muy curiosa.
 

Figuran en ella dos bandos: el de los Judíos y el de los Pecados: unos y otros disfrazados con caretas, y vestidos los primeros con trajes de calzón adornados con bordados, cascabeles, cintas de colores y paños de seda. También llevan cuellos a la valona y grandes sonajas que agitan sin cesar mientras danzan en la iglesia y en la procesión ante la Custodia.
 

Tiene este bando cinco principales figuras, que son: el Capitán, el Judío mayor, el Tambor, el Pito, que con un mazo de madera hace sonar incesantemente una largísima castañuela, y la Madama, vestido (pues es un hombre) con miriñaque, que dirige la danza moviéndose rapidísimamente entre los danzadores.
 

El otro bando, llamado el de los Pecados, viste chaqueta, calzón y medias negros y faja de seda con colgantes de madroños.
 

La careta va sujeta con un paño bordado de seda y oro llamado serenero, que cae por la espalda y sujeto a la cintura se infla al correr.
 

Las caretas de este bando tienen dos cuernecitos adornados de flores.
 

También este grupo tiene sus figuras principales: el Pecado mayor y la Pecadilla; diferenciándose de los demás en que el primero lleva la faja y cinta de la valona de seda azul y la careta figura la cabeza de un cerdo. La Pecadilla lleva una a modo de blusa negra recogida a la cintura, que llaman sotana, y pantalón blanco, parecido al de los judíos, pero más corto y adornado con borlas de cascabeles; la vara de correr de esta figura es mucho más corta que la de los otros pecados y no aúlla como ellos.
 

Las dos comparsas se reúnen el día del Corpus ante la iglesia al son de nutridas descargas de escopeta; los Judíos entran en el templo y danzan ante le altar durante la misa, con un ardor y un entusiasmo difíciles de describir. El grupo de los Pecados se queda a la puerta aullando y arañando la tierra con las puntas de las varas, como indicando el coraje que sienten por no poder penetrar para secuestrar al Señor, pues el templo está defendido por los escopeteros de los Judíos, que no cesan de hacer descargas al aire.
 

Una vez expuesto el Señor, los Judíos danzan ante la custodia.
 

Terminada la misa sale la procesión, van delante los pecados y después en dos filas los Judíos danzando, y entre ellos un mozo con el Santo Cristo.
 

En cada uno de los altares portátiles ante los cuales se detiene la procesión, los Pecados, que se han adelantado un buen trecho, vuelven uno a uno a carrera tendida, trayendo en ristre su larga vara adornada con lazos y rosas, flotando al viento el serenero, los brazos abiertos y aullando de un modo lúgubre.
 

La llegar ante el mozo que les muestra el Cristo levantado en alto, dan un brinco, se quitan la careta y caen de rodillas. Al pasar corriendo los Pecados, todo el mundo dispara sus escopetas, siendo gala para estos que sus parientes y amigos, incluso las mujeres, hagan a su paso el mayor número posible de disparos.
 

Al día siguiente sale el Santo que es un hombre amarrado a una silla puesta sobre un carro, desnudo de medio cuerpo arriba, a quien figuran ir martirizando los Pecados, mientras del carro tiran los novicios; el Santo consigue al fin escaparse y entonces son estos sentenciados a horca, de la cual, sin embargo, también consiguen escapar. De este modo termina la función del Corpus en Camuñas, para ser repetida el domingo de la octava. Los novicios en este día se tiñen la cara de negro.
 

De lo dicho se deduce claramente que el regocijo principal de esta extraña fiesta está en la gran cantidad de pólvora que en ella se consume. En efecto, no solamente hacen incesantes disparos los escopeteros de los Judíos, sino que también el público ante los Pecados que corren hacia el mozo que lleva el Cristo en cada uno de los altares portátiles de las calles recorridas por la procesión.
 

No solamente los mozos amigos de los que van vestidos de Pecados, sino también sus madres, hermanas, hijas o novias, acuden entusiasmadas a disparar al paso de su novio o pariente, manejando las escopetas con valentía y brío. Cuantos más tiros, más lucimiento para el Pecado. Así se da el caso curioso de que cuando a alguno de ellos no se le hacen salvas nutridas, las mujeres que le son afectas comentan el hecho en tono lastimero, como si se tratase de una contrariedad, exclamando:
 

-¡Pobrecito! ¡No ha habido nadie que quisiera tirarle un tiro!
 

Para evitar esta desdicha, se preparan llenas de entusiasmo y es frecuente oírlas decir:
 

-¡Voy a tirarle un tiro a mi novio!
 

O a mi padre, o a mi hermano, según la relación que tengan con el Pecado a quien se refieran.
 

En cuanto al origen de esta fiesta, nada se sabe en Camuñas; en el archivo de su Ayuntamiento no constan antecedentes.
 

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