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En Camuñas, provincia de Toledo, celebran el Corpus
con una pantomima muy curiosa.
Figuran en ella dos bandos: el de los Judíos y el de
los Pecados: unos y otros disfrazados con caretas, y vestidos los primeros
con trajes de calzón adornados con bordados, cascabeles, cintas de colores y
paños de seda. También llevan cuellos a la valona y grandes sonajas que
agitan sin cesar mientras danzan en la iglesia y en la procesión ante la
Custodia.
Tiene este bando cinco principales figuras, que son:
el Capitán, el Judío mayor, el Tambor, el Pito, que con un mazo de madera
hace sonar incesantemente una largísima castañuela, y la Madama, vestido
(pues es un hombre) con miriñaque, que dirige la danza moviéndose
rapidísimamente entre los danzadores.
El otro bando, llamado el de los Pecados, viste
chaqueta, calzón y medias negros y faja de seda con colgantes de madroños.
La careta va sujeta con un paño bordado de seda y oro
llamado serenero, que cae por la espalda y sujeto a la cintura se infla al
correr.
Las caretas de este bando tienen dos cuernecitos
adornados de flores.
También este grupo tiene sus figuras principales: el
Pecado mayor y la Pecadilla; diferenciándose de los demás en que el primero
lleva la faja y cinta de la valona de seda azul y la careta figura la cabeza
de un cerdo. La Pecadilla lleva una a modo de blusa negra recogida a la
cintura, que llaman sotana, y pantalón blanco, parecido al de los judíos,
pero más corto y adornado con borlas de cascabeles; la vara de correr de
esta figura es mucho más corta que la de los otros pecados y no aúlla como
ellos.
Las dos comparsas se reúnen el día del Corpus ante la
iglesia al son de nutridas descargas de escopeta; los Judíos entran en el
templo y danzan ante le altar durante la misa, con un ardor y un entusiasmo
difíciles de describir. El grupo de los Pecados se queda a la puerta
aullando y arañando la tierra con las puntas de las varas, como indicando el
coraje que sienten por no poder penetrar para secuestrar al Señor, pues el
templo está defendido por los escopeteros de los Judíos, que no cesan de
hacer descargas al aire.
Una vez expuesto el Señor, los Judíos danzan ante la
custodia.
Terminada la misa sale la procesión, van delante los
pecados y después en dos filas los Judíos danzando, y entre ellos un mozo
con el Santo Cristo.
En cada uno de los altares portátiles ante los cuales
se detiene la procesión, los Pecados, que se han adelantado un buen trecho,
vuelven uno a uno a carrera tendida, trayendo en ristre su larga vara
adornada con lazos y rosas, flotando al viento el serenero, los brazos
abiertos y aullando de un modo lúgubre.
La llegar ante el mozo que les muestra el Cristo
levantado en alto, dan un brinco, se quitan la careta y caen de rodillas. Al
pasar corriendo los Pecados, todo el mundo dispara sus escopetas, siendo
gala para estos que sus parientes y amigos, incluso las mujeres, hagan a su
paso el mayor número posible de disparos.
Al día siguiente sale el Santo que es un hombre
amarrado a una silla puesta sobre un carro, desnudo de medio cuerpo arriba,
a quien figuran ir martirizando los Pecados, mientras del carro tiran los
novicios; el Santo consigue al fin escaparse y entonces son estos
sentenciados a horca, de la cual, sin embargo, también consiguen escapar. De
este modo termina la función del Corpus en Camuñas, para ser repetida el
domingo de la octava. Los novicios en este día se tiñen la cara de negro.
De lo dicho se deduce claramente que el regocijo
principal de esta extraña fiesta está en la gran cantidad de pólvora que en
ella se consume. En efecto, no solamente hacen incesantes disparos los
escopeteros de los Judíos, sino que también el público ante los Pecados que
corren hacia el mozo que lleva el Cristo en cada uno de los altares
portátiles de las calles recorridas por la procesión.
No solamente los mozos amigos de los que van vestidos
de Pecados, sino también sus madres, hermanas, hijas o novias, acuden
entusiasmadas a disparar al paso de su novio o pariente, manejando las
escopetas con valentía y brío. Cuantos más tiros, más lucimiento para el
Pecado. Así se da el caso curioso de que cuando a alguno de ellos no se le
hacen salvas nutridas, las mujeres que le son afectas comentan el hecho en
tono lastimero, como si se tratase de una contrariedad, exclamando:
-¡Pobrecito! ¡No ha habido nadie que quisiera tirarle
un tiro!
Para evitar esta desdicha, se preparan llenas de
entusiasmo y es frecuente oírlas decir:
-¡Voy a tirarle un tiro a mi novio!
O a mi padre, o a mi hermano, según la relación que
tengan con el Pecado a quien se refieran.
En cuanto al origen de esta fiesta, nada se sabe en
Camuñas; en el archivo de su Ayuntamiento no constan antecedentes.
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