El Hombre del Violín
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Cuenta la leyenda;
“En este lugar de la Mancha cuyo nombre es Camuñas, no ha mucho tiempo que vagaba por estas lides un desgraciado caballero sobre el cual caería la más grande de las desdichas, inducida por la avaricia incontenida de unos cuantos posaderos, o mejor podríamos decir: majaderos”.
Huyendo de la inercia literaria y centrándonos en este relato, paso a informar de lo que en Camuñas sucedió cuando corrían duros tiempos antes de la guerra de hermanos, y el hambre y la miseria removían la mente y el ingenio de los paisanos.
Un
hombre gris hacia su entrada en el pueblo, para él; maldito, nadie sabe donde se
dirigía ni de donde venía, solo que preguntaba por alguna posada donde descansar
sus huesos, y posiblemente acariciar el violín que escondía aquella vieja funda,
yo la imagino negra como esta historia.
Un vecino de la villa indicó a aquel miserable hombre donde podía alojarse. La posada a la que fue dirigido sita junto a la plaza “Pecados y Danzantes” era regentada, en aquellos entonces, por la familia de los... mejor no lo digo.
A partir de este punto todo lo que se relata es pura especulación y conjetura.
Aquel hombre jamás volvió a ser visto en esta tierra y su viejo violín no fue detectado por ningún oído avizor, cosa rara, ya que si se hubiese tocado las gentes del lugar, recordarían sonido tan peculiar y no habría escapado al cotilleo implícito en estas gentes y lugares.
El destino, la casualidad o ¡vete tú a saber que!, dispuso que no habiendo pasado muchos lustros de esta insignificante y banal experiencia, se encontrara en Villafranca de los Caballeros inmerso en una arqueta de abastecimiento de agua, el cuerpo sin vida y corrupto de un hombre sin nombre.
Presentaba tal descomposición que los gusanos, como aliados incondicionales de aquel horrendo crimen, pululaban por las aguas, desmembrando el cadáver como en un afán de borrar las huellas de los autores, a su vez, de forma incongruente pasaron a ser delatores en el momento en el que daban aviso a los vecinos del pueblo de las tres mentiras, que viendo estos a tales seres emergiendo de los grifos de sus fuentes, buscaron el origen de los mismos dando con el desdichado personaje, al que todavía nadie ha dado nombre ni origen.
Las gentes de Camuñas; “algunas”, afirman fehacientemente que el incógnito viajero del violín y el desgraciado putrefacto son la misma persona.
Esta creencia esta basada en la pura hipótesis, todo hay que decirlo.
Después de aquel día en el que el violinista hizo su incursión en esta villa y
concretamente en la susodicha posada de la cual no fue visto salir, determinadas
familias sufrieron cambios en su , pongamos, aparente economía, es decir, se vio
incrementado inexplicable y contundentemente su patrimonio.
"Investigadores de la nada" concluyeron, después de analizar los hechos y atar
cabos de esquina en esquina recogiendo los testimonios de unos y otros, además
de los suyos propios, que aquella vieja y maldita funda de violín no
contenía aquel instrumento de sonido hipotético, sino más bien el pago a su
muerte, es decir, el dinero por el que la codicia de terceros harían quitar la
vida al sufrido y desdichado músico.
Algunas personas apoyan la dramática historia añadiendo anécdotas como que en dicha posada tras los años se efectuaban sucesos paranormales.
Otros dicen: que visitaron la posada días después al supuesto desagravio, y un olor a podredumbre hacia que su curiosidad preguntara por aquellos efluvios que dirigían la imaginación hacia las ideas más tétricas.
Los residentes argumentaban defectos en el tejado. La erosión había hecho que quedara atrapada un gallina entre sus escombros, la cual bajo los efectos de la descomposición hacia que se ambientara el entorno de tal sustrato oloroso.
Aún hoy la incógnita sigue viva, y las gentes en momentos concretos hablan del “Hombre del violín” con nostalgia, preocupación, y, pongamos, algo de curiosidad.
F. Santacruz Salas
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