MUERE UNA TRADICIÓN EN CAMUÑAS
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Ha pasado casi un siglo, ya, desde que "los Gollaores" los 28 de Diciembre corrían las calles de Camuñas "degollando inocentes".
Solo la memoria de los ancianos de Camuñas, y unas breves líneas, puede anotar lo que antaño fue una tradición basada en la muerte de los inocentes en la que los romanos buscaron al hijo de Dios para su sacrificio, llevándose a su paso a cualquier niño nacido en ese tiempo.
Así en Camuñas, nuestros mayores aun relatan sobre aquella representación, como si de textos bíblicos se tratara.
Dos varones vestidos alegóricamente de romanos llevaban a cabo esta ancestral representación. En la cabeza portaban una especie de bonete, sus cuerpos iban cubiertos con una túnica roja y unos pantalones rotos en la parte de abajo a especie de flecos. En los pies, se dice que llevaban unas albarcas o sandalias típicas de la época, ¡suponemos!. Y en sus manos un imponente sable que imprimía a la situación su carácter homicida. A todo esto se añadía un matiz sangriento y casi de horror, consistía en cubrir todas las partes visibles de la piel, que no eran pocas aun siendo el mes de Diciembre en el que la acción del frío es bastante importante, con el pigmento rojo que proporciona el pimentón, de esta manera la característica principal de la situación se ponía en evidencia, "la sangre".
Era en la misa del día de los Santos Inocentes cuando comenzaban su simbólica actuación. "Los Gollaores" situados en el altar, por delante del cura aprovechaban para cruzar de forma contundente sus sables, en signo de rebeldía, cuando éste daba la espalda a los súbditos. Al finalizar la misa corrían a las puertas del templo donde esperaban la salida de los fieles.
Aun recuerdan nuestros mayores, entonces niños, con cierta melancolía, el terror que les inundaba cuando aquellas caricaturas de romanos con voz tenebrosa y aterrorizante les decían, a la salida de la iglesia:
"¡chavo, si no te gollo!"
frase que daba nombre a los personajes,
("los gollaores"), y que podríamos traducir como el soborno que aceptaban los
romanos en tal sangrienta acción. Si no se hacia efectivo dicho soborno en el
acto, la persona era degollada simbólicamente con una mancha de pimentón en el
cuello. Esta actitud se llevaba a cabo el resto del día por todas las calles de
Camuñas, yendo puerta por puerta pidiendo el tan preciado "chavo" (ochavo; del
latin: octavus Moneda de cobre con peso de un octavo de onza y valor de dos
maravedís, mandada labrar por Felipe III y que, conservando el valor primitivo,
pero disminuyendo en peso, se siguió acuñando hasta mediados del siglo XIX).
También los viandantes eran sometidos a tales efectos.
Quizás los niños eran los más afectados por la presencia de dichos personajes, algunas habitantes de Camuñas aún recuerdan como al ver a los dramáticos "gollaores" corrían aterrorizados a esconderse bajo las camas de sus casas.
Se dice que eran un mismo grupo de hombres el encargado de realizar año tras año esta actividad, eligiendo a dos de ellos cada año, para llevarla a cabo. La importante y aparente recaudación, también se dice, que era empleada en una "comilona" o celebración que realizaba dicho grupo, como si de un festejo romano se tratara, ¡permítasenos la conjetura!.
Así, Camuñas, un pueblo de importantes
costumbres, ha visto como una de sus tradiciones ha ido deteriorándose en el
periodo de la posguerra, llegando a morir, aunque todavía la memoria de algunos
camuñeros la mantenga viva.
Aún resuena el 28 de Diciembre en Camuñas la terrorífica frase:
"¡Chavo, si no te Gollo!".
F. Santacruz Salas