Tiempos de Guerra
El Fugitivo Simeón

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Debido a la redacción de un relato sobre un paisano de Camuñas que logró huir y salvar su vida en tiempos de la Guerra Civil, se ha puesto en nuestra mano la verdadera hazaña del susodicho, este personaje de nuestra historia, del cual ahora se nos permite dar su nombre, es concretamente; Simeón Almansa Aranda y el relato nos lo envía su nieta Carmela el cual dice así:

"Como nieta de Simeón Almansa Aranda me creo con el derecho de hacerle un pequeño homenaje a mi abuelo.

Quiero contar de forma resumida las penurias y sufrimientos por los que pasó mi abuelo en la Guerra Civil, y especialmente por sus ideas de derechas.

Mi abuelo tenía 44 años cuando explotó la guerra. El estaba casado con mi abuela “Chata” y tenían 3 hijos; Emilio, Justo e Isaac de 13, 11 y 7 años respectivamente.

Se encontraba mi abuelo con sus dos hijos mayores en la huerta, cuando aparecieron 4 ó 5 milicianos que se lo llevaron y metieron en los calabozos del consultorio. Allí permaneció preso 1 mes, hasta que el día 23 de Agosto de 1936 junto con otros hombres (entre ellos Don Emiliano, el cura) fueron sacados a matar en la carretera de Madridejos. Mientras iban fusilando a otros hombres, mi abuelo hábilmente se liberó de las ataduras, saltó del coche donde lo llevaban y empujando al miliciano, se escapó. Le dispararon en su huida y logró escapar campo a través.

Se refugió en un olivar, y allí subido en una oliva, vio como le buscaban y aunque los caballos pasaron cerca, no relincharon y observó como un manto blanco le protegía de sus captores. Por su fe, él siempre pensó que el manto de la Virgen del Rosario lo protegió.

De allí marchó y se fue a esconder en el pozo de la Guindalera que esta seco y allí el tio Racimo lo vio pero no le delató ni dijo nada a nadie.

En su huida, desesperado intentó quitarse la vida subiéndose a un poste de la luz tocando los cables, pero al tercer intento fallido se dijo que si Dios no quería que muriese, intentaría salvar su vida.

Vagó tres días por el campo, sin agua y sin comida, llegó a beberse su orina y acabó en Villafranca, dónde pidió ayuda a un amigo con el que jugaba a la petanca y al fútbol. Mientras en Camuñas, a mi abuela, a mi bisabuela y a los tres hijos del matrimonio los tuvieron presos tres días par que dijeran el paradero de mi abuelo (cosa que no sabían). Los amenazaron de muerte y a mi bisabuela Jacinta la pegaron con un fusil en el costado.

Pasó 15 meses en casa del tío Atanasio y el resto de meses en casa de su hijo Eugenio que, aunque de ideología contraria, eran buenos amigos y le salvaron la vida. Se refugiaba en los pajares de las casas y allí pasó la guerra.

Mi abuela se enteró del paradero de mi abuelo a los quince meses.

Ella y su hijo mayor cargaban su borrico con comida y enseres e iban a Villafranca a llevárselo a mi abuelo para ayudar en su manutención. Hábilmente ella y su hijo mayor se ponían bajo sus ropas la ropa interior de mi abuelo, para llevársela a su escondite y así evitar que los descubrieran.

A los dos días de acabar la guerra y tras tres años escondido, salió a la calle y a los pocos días regresó a Camuñas en un carro y ante el asombre de todos sus paisanos que le daban por muerto, vecinos de Villafranca le entraron al pueblo subido a hombros y hasta las campanas tocaron por el feliz regreso, dándole la bienvenida.

No conocí a mi abuelo, pero gracias a mi abuela, mis tíos y mi padre he podido conocer su vida y escribir esta historia con todo mi cariño.

Esto es solo un pequeño fragmento de su vida aunque se podría escribir un libro."

Nota: “Con el tiempo llegó a ser alcalde de Camuñas”.

Carmela Almansa Gómez – Chacón
 

 

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