Un caso de intolerancia religiosa
 

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En este relato Fliedner detalla como se lleva a cabo un acto de intolerancia contra los evangelistas en Camuñas, protagonizado por los sacerdotes romanos.
 

De “Aus meinen Leben” Tomo II por Federico Fliedner , Editorial Martin Warneck, 4ª Edición, Berlin 1903 páginas 367-374, traducido por Catalina Fliedner y Brown.

Recuperado el presente documento de la mano de Catalina por: Pedro Gallego
Redondo, José Ariza Aranda, Jose Carlos Garcia Moreno, Andrés Rodríguez Horte en el año 1985
 

Otro caso de intolerancia religiosa nos vuelve a trasladar a La Mancha, a nuestra pequeña congregación en Camuñas, rodeada de ultramontanos o mejor dicho de carlistas. Estos no podían verla ni pintada. Esta vez eran los jesuitas los que habían de contribuir a su exterminio. Dos “padres piadosos”, de elocuencia maravillosa y de santidad más maravillosa aún, predican durante la semana antes de Domingo de Ramos día tras día pero con poco éxito. Entonces, el viernes de los Dolores (pues en este pueblo de la Mariolatría, María ha de tener también su Viernes Santo ocho días antes) se anuncia una gran procesión para el Domingo de Ramos y par dar más fuerza al afecto para las aldeas circundantes, se promete a toda persona que asista, quince años de indulgencia; pero a todos aquellos que se confiesen y que comulguen previamente se les añadirán 100 años más. Entonces acudió el público en masa; la víspera 150 hombres acudieron al confesionario y lo que allí e tramó bajo el secreto de confesión, se reveló el día siguiente con toda claridad. Nunca antes había habido procesión el domingo de Ramos y también el camino que tomó se salía de lo corriente. Pero se escogió por pasar cerca de la casa que contiene la capilla, escuela y morada del pastor. Ya han pasado las imágenes de los santos. Sigue el clero. Al lado del cura va el secretario municipal. Su compañero le dice unas palabras al oído. Entonces levanta las manos y grita: “¿Cuánto tiempo vamos a tolerar esta casa entre nosotros? ¡Viva la religión!” El tumulto que siguió es indescriptible “¡Viva la Virgen! ¡Mueran los herejes! ¡Fuego, fuego! ¡Apedrear la casa! ¡Este es el momento!”

Con estos gritos la horda fanatizada quiso penetrar en la casa. Ya se ven relucir las navajas a la entrada, cuando el pastor consigue cerrar la pesada puerta de roble evitando así todo derramamiento de sangre. Pero, acto seguido cayó una lluvia de piedras sobre la casa en la que se encontraban además del pastor y su familia solo mujeres y niños. Rompieron todas las ventanas e incluso la puerta de roble se resquebrajó de arriba abajo, y la pobre señora del pastor que se encontraba en la clase, hubo de escapar a una muerte segura refugiándose debajo de los bancos; volaron las piedras por encima del tejado en tal cantidad, que ninguna de las mujeres se atrevía a salir al patio. Los curas, en cambio, en medio de la multitud fanatizada levantaba las manos en afán infatigable gritando (más tarde, ante el tribunal dijeron que había sido para apaciguar a la muchedumbre) “¡Viva la religión! ¡Viva la Virgen!” ¿Es de extrañar que de este medio de apaciguamiento surgieran los efectos contrarios?.

El alcalde con dos números de la guardia civil se portó mejor; mandó prender a dos de los cabecillas, mas hubo de soltarlos cediendo a la multitud que se agolpaba impetuosa, y entonces entró la procesión en la iglesia al son de las trompetas, los sacerdotes contentos a la cabeza y todos pensando que bien habían merecido sus quince o ciento quince años de indulgencia. La pobre señora del pastor yacía en la cama, medio muerta de miedo y solo una flebotomía inmediata atajó peores consecuencias. Al día siguiente estuve allí y recogí yo mismo algunas de las piedras que habían volado a la casa, en un lado todavía ennegrecidas por la lumbre, clara señal de que anteriormente habían estado en el hogar, así que habían sido llevadas desde sus casas por las personas con la intención de emplearlas como armas en la bribonada proyectada de antemano.

Pero un peligro más grande que por parte de los fanáticos amenaza a los evangélicos por parte de la administración de justicia pública. La comisión interventora del juzgado de Madridejos se declara abiertamente a favor de una pare, porque quiere sentenciar a los protestantes cueste lo que cueste. Solo se les toma declaración como es debido a los adversarios, las declaraciones de los otros se escriben incompletas. E incluso, en este caso, donde parecía imposible encontrar entre los protestantes, (pues éstos se habían quedado en casita con sabia precaución mientras que la procesión se celebraba) un suplefaltas a quien echar la culpa de este alboroto, la vista aguda de la justicia da con un muchacho de quince años que había estado de pie delante de la casa al pasar la procesión –si bien a unos 80-100 pies de distancia.

De él dijeron que había insultado a la virgen, provocando así la ira del pueblo. Inmediatamente le llevan detenido, mientras que los bribones que siguen haciendo alarde se sus hazañas en voz alta, andan sueltos por la calle.

¡Qué previsión tan sabia para evitar-así dice el tribunal- posteriores excesos! No contentos aún, el juez acusa también al pastor, diciendo que había incitado al muchacho a que insultara a la virgen de esa manera. El pobrecillo, que había permanecido en casa, muerto de miedo y cuya única culpa consistía en haber echado el cerrojo a la puerta, a tiempo, ha de pagar una fianza de 1600 pesetas y no pudiendo prestarla, el juzgado entra en su casa, la embarga, le saca de la casa todos los bancos de la escuela, el púlpito, los bancos de la iglesia, el armonio, etc. poniéndolo bajo la custodia de un vecino que los aloja en su establo. Y de este modo se creyó haber anulado todo el culto y toda la enseñanza evangélica, de la manera más eficaz.

Sin embargo, el griterío de triunfo de los adversarios fue prematuro; en su ciego furor habían atentado contra la propiedad ajena; casa y bancos eran de la pertenencia de un súbdito alemán, y los alemanes en el extranjero yo no están sin derecho ni desamparados, desde que un fuerte imperio alemán defiende sus intereses. Bien lo sabía también el Presidente del Consejo español, que por fin se presentó con su “quos ego” sobre las olas embravecidas del odio ultramontano. El muchacho recobró su libertad bajo fianza, después de cinco semanas de encarcelamiento, el pleito contra el pastor español fue anulado por completo y bancos, púlpito y armonio se devolvieron intactos alzándose el embargo de la casa. Para los moradores del pueblo, este cambio fue tan imprevisto que dijeron: “El alemán es persona de dinero. Ha dado al ministro de Gracia y Justicia 5 millones de reales y éste le ha enviado un millón al juez; por eso ha cambiado las cosas a favor de los protestantes.”

Ya que ahora les parece dudosa la victoria a los ultramontanos, echan mano de otra táctica; le dan largas al asunto, al cabo de seis meses, aún no se ha pronunciado la sentencia; los rebeldes e instigadores siguen impunes demostrando su sentir inalterado con ocasionales pedradas a la casa del pastor. Y en otros lugares se aprovecha la situación para acusar al los miembros de las congregaciones evangélicas, casi todos ellos pobres, de que participan en los esfuerzos democráticos y socialistas. Pero en este caso disponemos de una justificación que en un gobierno de Alfonso XII no puede ser desoída; la oración en la iglesia todos los domingos. En todas las congregaciones evangélicas, se ora públicamente por el rey y por los poderes constituidos en autoridad; y bien sabe el Gobierno que esto no ocurre en muchas iglesias católicas regentadas por antiguos carlistas.

¿De qué lado se inclinará ahora la victoria en esta lucha entre la intransigencia y la aspiración por la libertad religiosa?. ¿O será posible conducir la quilla de la nave estatal por las estrechas aguas de una limitada tolerancia de los disidentes, sin que vaya a pique tropezando con Excila o con Caribdis, como se lo ha propuesto el piloto Canovas que sin duda alguna es muy hábil?. Creemos que su teoría, a la larga, es irrealizable, pero estamos igualmente convencidos, que las olas de la intolerancia y de la persecución inquisitorial ya no pueden inundar todo el país. Tampoco puede inducirnos a error el aumento de las huestes ultramontanas, el que crezcan a manera de hongos los conventos, aún cuando no podemos aprobar, ni creemos eficaces las armas de os periódicos liberales, la burla y el sarcasmo ¡Oh sabio Gobierno! Exclama un periódico a raíz de la noticia de que se ha agrandado el manicomio del Estado, primero se fundan los conventos y luego se agrandan los manicomios, de seguro con la intención de remediar con estos últimos los daños ocasionados por los primeros”. Nosotros vemos el germen de un porvenir más libre en otras manifestaciones.

No puede ya suprimirse el afán por una cultura auténtica del pueblo; las escuelas evangélicas han contribuido a ello, y no poco. Claro que no es tanto su número (aún siendo así que el Gobierno mismo quedó sorprendido cuando al informarse supo, que solo aquí en Madrid había 1000 niños en las escuelas protestantes) sino más bien el ejemplo e impulso que dan, lo que ejerce mayor influencia. Siempre que los evangélicos inauguran una escuela, los católicos fundan cuatro en el mismo distrito; y los españoles inteligentes se alegran diciendo: “Cuándo los niños aprendan a leer y escribir, ya no estarán entregados inermes al clero romano”.

Bien es verdad que la educación en las instituciones estatales, está a su vez bajo la vigilancia de los ojos celosos de los sacerdotes romanos pero a su lado se forman instituciones libres, que desligadas de la iglesia romana proporcionan una enseñanza científica creciendo de día en día en importancia espiritual y fundamente material. Y, por pequeño que sea el número de los protestantes unos (10 a 12 mil) entre 17 millones de españoles, sin embargo constituyen un elemento, hasta entonces desconocido y que ya empieza a mostrar su eficacia a manera de levadura. Una luz, por pequeña que sea, se ve desde lejos.
Incluso el Parlamento, ya no puede dar de lado, despectivamente, a los evangélicos. En las nuevas bases de una ley de enseñanza, presentadas a las Cámaras, se les garantiza a los maestros protestantes que vayan a examinarse oficialmente, la exención del examen de religión. Que en ese caso, nunca podrán ser funcionarios del Estado, es natural mientras siga siendo la religión del Estado la católico-romana. El Gobierno de los Borbones, ha querido podar el progreso espiritual del pueblo español, que parecía desmandarse, pero de ese modo solo ha logrado darle un contenido más profundo y una inteligencia mayor y mucho gérmenes de cultura popular verdaderamente ética despierten la esperanza de una primavera para el pueblo español al cual ha de conocerse precisamente en sus clases bajas, para no formar un juicio desacertado.

Puede que la próxima batalla se libre en el campo de los cementerios. Los abusos de los sacerdotes en su negativa de enterrar en tierra sagrada, va en …



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