DON LUIS VILLASEÑOR Y LÓPEZ DE LA OLIVA

Volver


 

Don Luis Villaseñor y López de la Oliva es, sin duda alguna, otro de los grandes personajes que conforman la historia de Camuñas. Poco conocemos realmente de este distinguido personaje pero muchas son las historias que corren por las calles del pueblo.Don Luis Villaseñor - Boceto de F.Caballero -

Su nacimiento lo marcamos en el siglo XIX, encontrando por un lado en la carta arqueológica de Camuñas la fecha de 1830 como año de nacimiento, mientras por otro en el trabajo “Camuñas en el siglo XIX” de José Ariza, Pedro Gallego, José Carlos García y Andrés Rodríguez sobre Camuñas en el siglo XIX, apuntan a la década de los años cuarenta como posible fecha. Aunque no poseemos ningún documento escrito que lo atestigüe, lo que si consideramos es que no nace en Camuñas, ya que no aparece ningún registro en el archivo parroquial ni municipal.

De familia noble, su origen esta marcado por la unión de dos linajes muy influyentes, por un lado los Villaseñor, naturales de Miguel Esteban, pertenecientes al partido judicial de Quintanar de la Orden, linaje que tuvo reconocimiento de hidalguía y nobleza, a través de las pruebas aportadas ante las Reales Chancillerías y Audiencias, así como ante los Tribunales del Santo Oficio, reconociéndoles la limpieza de sangre, nobleza e hidalguía de su apellido; y por otro lado los López de la Oliva, familia que si aparece ligada a Camuñas según atestiguan numerosos documentos en los libros de bautismos, matrimonios y defunciones del archivo eclesial, y otros como el Catastro del Marqués de la Ensenada, donde aparecen como propietarios de fincas o administradores de la Hermandad del Santísimo Sacramento. Ver hidalgos de Camuñas

Su infancia comienza marcada por la muerte repentina de su padre quedando huérfano a los dos años. Su madre, Doña Juana López de la Oliva contrae entonces matrimonio con el abogado de la familia y residente en Madridejos, Don Ricardo de la Mora, teniendo con éste dos hijos Gerardo y Ricardo. Con este panorama es con el que crece Don Luis y en el que desarrollaría su espíritu liberal e ilustrado.

A los veintiún años de edad se hace cargo de la enorme herencia de sus progenitores mientras sus hermanos han sido internados en un colegio. Contrae matrimonio con Doña Saturnina de las Heras, con la que según dicen unos no tiene descendencia mientras que otros indican que tuvo un hijo el cual murió como infante. Lo que si queda claro es la animadversión hacia su mujer y las concupiscencias que mantenía con la que era criada y amante, Doña Petra.

El derroche de la herencia era para todos sus gustos, por un lado se ganaba influencias en el pueblo, del que llegaría a ser alcalde en el año 1879, según podemos ver en un acta municipal; por otro hacía crecer una importante y versátil biblioteca, una de las más grandes de la región según se dice, que por los infortunios de la historia no ha llegado hasta nuestros días, aunque podemos atestiguar su existencia por el descubrimiento de un sello con su nombre en un ejemplar sobre mitología que nos ha proporcionado José Manuel Sahagún; y por otro simplemente disfrutaba obteniendo lo que quería, según nos marcan las historias que circulan por el pueblo.

De sus ideas liberales y progresistas surge la idea de crear en Camuñas un lugar singular, donde la ilustración estuviera por encima de los pensamientos retrógrados y anticuados que marcaba la Iglesia, siendo con esta con la que tiene mayores encontronazos.

En el año de 1873, durante la I República española y bajo la breve presidencia del federalista don Ramón Pi i Margall se intentó articular en España un estado federal, que evolucionó hacia los cantones independientes. Así, Don Luis Villaseñor aprovecha su posición de poder y proclama a Camuñas cantón independiente, hecho que se mantendría durante un corto período, pero que reafirma las versiones lanzadas anteriormente. Nos han llegado a contar, y esto ya forma parte de la leyenda, que incluso realizó los moldes para acuñar moneda propia.

Sus desmanes con la iglesia son variados; uno de los que aparece documentado es el que refiere D. Marcelino Menéndez y Pelayo en su “Historia de los heterodoxos”, que alude a las historias propias de nuestro personaje y que viene a decir estas palabras:

“…Desde el principio de la revolución se había establecido en Camuñas, pueblo de la Mancha Alta, un centro de propaganda anticatólica, sostenido por D. Félix Moreno Astray, sacerdote apóstata de la diócesis de Santiago, que se titulaba pastor evangélico, y por varios misioneros republicanos (Araus, Ceferino Treserra, etc.). Todos procedían de concierto en cuanto a descatolizar el pueblo; pero en los medios variaban, inclinándose Treserra y los suyos al racionalismo, y teniendo por órgano El Trueno, periódico que empezó a publicarse en Camuñas, al cual servía de antídoto El Pararrayos, dirigido por D. Ambrosio de los Infantes, cura de Madridejos. No pararon los revolucionarios de aquel microscópico cantón hasta arrojar del pueblo al prior D. Francisco de la Peña Martín, que desde Turleque protestó contra la intolerable tiranía que ejercían en Camuñas un cierto señor de horca y cuchillo, un maestro ateo y un barbero que no le iba en zaga. Estos tres personajes de sainete llamaron en 1874 a Moreno Astray (Treserra había preparado sus caminos), desafiando a los curas a discusión pública. El efecto fue terrible, y siquiera tengamos que rebajar mucho de las afirmaciones de [999] La Luz, periódico protestante, cuando dijo «que la población en masa se había convertido al Evangelio», es lo cierto que llegaron a apostatar 90 familias. A los incautos camuñenses se les ofreció un canal de riego, una fábrica, dos millones en dinero... El cacique del lugar puso centinelas a la puerta de la iglesia para impedir la entrada, vejó y aun hizo apalear a los que se confesaban, formó causa al ecónomo, que tuvo que refugiarse en Madridejos. Camuñas se convirtió en una especie de Ginebra manchega y contrabandista. Y llegó la execrable tiranía de Moreno Astray y de los suyos, dócilmente patrocinados por el alcalde, hasta empeñarse en enterrar civilmente a un niño de familia católica, sin poder, no obstante, arrancárselo de los brazos a su pobre madre, que fue con él hasta el cementerio y allí le inhumó con sus propias manos (2943). En 1874, Moreno Astray se trasladó a Alcázar de San Juan, y allí comenzó a publicar un periódico, retando, desde el primer número, a discusión a los eclesiásticos del contorno. Aceptó uno de ellos; pero, llegado el día de la controversia, se excusó Astray, limitándose a continuar su campaña contra La Crónica de Ciudad Real…”

Claro está que esta es una versión muy poco objetiva, pero nos ofrece algunos datos como la existencia del famoso periódico “El Trueno”, la vinculación de D. Luis con importantes miembros de la política como es Ceferino Treserra, escritor y político nacido en 1830 en Barcelona, que promulgaba el socialismo utópico en España y como no su unión con los evangelistas.

Otros documentos donde podemos atisbar como se encontraba Camuñas en esta época, y como el poder de D. Luis hizo cambiar el pueblo actuando en contra de la iglesia católica, lo encontramos estudiando a la iglesia evangélica.

Pero D. Luis Villaseñor no se conformaba con estar enfrentado con la Iglesia, sino que con el poder municipal también tuvo sus más y sus menos, como podemos leer en una denuncia al Ayuntamiento de Camuñas en la que se queja por la designación de dos guardas de campo.

Firma de Don Luis Villaseñor extraida de un documento del Ayuntamiento

Pocos más datos biográficos conocemos de tan ilustre personalidad, por lo que no nos ha quedado más remedio que recurrir a la voz popular y pasar a desglosar las numerosas historias que protagonizó, siendo las más conocidas las siguientes:

- Dicen que su poder llegó hasta el consistorio, del que llegó a hacerse cargo, teniendo enfrentamientos con la iglesia católica, de la que no era partícipe, llegando a expulsar al sacerdote, dato este contrastado con los datos bibliográficos antes aportados.

- La siguiente es quizás la más conocida y podríamos decir cómica. Según cuentan en una calurosa mañana de junio, corriendo las fiestas del Corpus, Don Luis ofreció un botijo con jalapa a los acalorados albañiles que reformaban el tejado de su casa sita en la calle Grande; éstos bebieron hasta saciar su sed, retirando Don Luis entre tanto la escalera que daba acceso a la techumbre, quedando éstos aislados en la misma. Tal fue el cálculo de nuestro personaje, que los operarios no tuvieron más remedio que aliviarse desde tan altas esferas, dejando sus castigados traseros a la vista de la solemne procesión que discurría por la citada calle, vejando de esta forma a la iglesia a la que tanto defenestraba.

- Otra historia, coloca a nuestro ilustre paisano en el Palacio Real de Madrid, donde pasaba de cuando en cuando a prestar “sus servicios” a la reina Isabel. Tal fue la repercusión que llegó a adquirir D. Luis, que consiguió dos importantes dádivas de la reina. La primera sería la de concederle la libertad para adquirir los territorios que deseara en las tierras de Camuñas, así se dice que a lomos de su caballo fue colocando amojonando sus extensas propiedades.

Por otro lado ofreciole la reina el virreinato de las tierras de las islas Filipinas. Demostró entonces el noble personaje la confianza habida entre la reina y él contestando a su ofrecimiento de la siguiente manera: “Mi reina, tengo ya muy duros los huevos como para pasarlos ahora por agua”.

- Aludiendo al duro carácter de Don Luis, se cuenta que andaba su mujer y esposa embarazada, cuando se le ocurrió introducir, mientras estaba dormida plácidamente en su lecho, un voluminoso y corpulento astado por la puerta del dormitorio, generando en ella los más estrepitosos sentimientos de terror que hicieron perder la vida al hijo que llevaba dentro.

- Evidencia nos queda con el relato anterior de que las relaciones matrimoniales eran un tanto controvertidas para este señor. A su vez justifican la existencia de una relación intima que poseía con Petra, (una mujer del servicio de la casa) la cual cubría sus deseos más carnales.

- Una de las menos conocidas es la que habla de cierta baraja que poseía Don Luis. Según se dice, cada una de las cartas representaría una postura del kama sutra y nuestro personaje jugaría con ella en compañía de una vecina que a su vez prestaba servicio en la casa. Posiblemente fuese Petra la “agraciada” con las dedicaciones de Don Luis y su baraja.

El final de Don Luis fue tan desafortunado como su infancia; fue encarcelado durante seis años por un asunto de un robo en la parroquia del pueblo, cortándole su admirada barba y muriendo pobre y solo en el año 1920. Sin duda estas situaciones estuvieron influidas por sus actitudes en la vida.
 

Testos relacionados: Diario de Barcelona (Historia ejemplar), Origen del Evangelismo (Federico Fliedner), Intolerancia religiosa (Federico Fliedner), De los Evangelistas en Camuñas.

Inicio documento


     Cerrar